miércoles, 30 de junio de 2010
Unos añitos más
Forúnculo de fruto almendrado aparecido como enigma en un sueño, eres acaso la cosa que marca la pauta en mi vida pero yo qué sé, quizás sólo deba esperar, y no puedo. Recuerdo la almendra brotando de mi piel, inducida por la presión que mis dedos meten en los bordes. También está el aditamento onírico del control remoto para ahorrar pilas, el cual se inserta en la parte de adelante y es verde y tiene discoteca, porque el foquito rojo de adentro con lo verde de afuera, hacen un efecto parecido al que arroja el licor en la sangre y las luces de una noche confusa en los lupanares de un centro de vicio. No sobraría destacar la presencia de música suave con fondo de lluvia, música sin base, música ambiente, música sin patada, música que flota y hace flotar, y la sensación que a todo eso acompaña. Y, después de todo, lo esencial ya lo dijo quizás un argentino dado al error, metido en alguna cantina con nombre de allá y que balbuceaba sólo, ya rendido por los tragos. Los poetas pudieron haber sido los responsables de que ahora no haya más que poetas suicidas, por haber dicho tan bien lo que había que decirse. Cuánto odio a los poetas elocuentes y apasionados. Quizás lo del argentino borracho no debió haber sido balbuceo, sino disquisición ordenada y concisa, inspirada por la cocaína, por no saber llamarla de mejor manera. Ahora la gente dice que no entiende lo que digo. Mira, es cualquier cosa, tan relevante como la cagada que te echaste en la mañana, tan perdurable como aquello que nunca conocemos. Por ahí ya lo dijo Borges en otras palabras, no me hagan mucho caso, sólo intento decirlo con otras, que la vida es a la vez corta y larga, no es nada, pero qué desesperante es saber que podría alargarse unos diez años. ¡Diez años! casi me parecen una eternidad, pero pasan como pasa un corredor por la meta. Mira, para acabar pronto, sin complicarnos mucho, para resumir esto, la verdad sea dicha, todo es una paradoja, es decir, todo es dos cosas opuestas a la vez y las que están en medio. Espero que cuando me muera alguien pueda decir de mí que comprometí mi salud por dejar unas cuantas frases ingeniosas a una humanidad igual de efímera que una estrella fugaz, o que alguien cite esto en mi funeral. La baqueta ya es un puro, de esos cubanos, un habano si quieren. Mi corazón ya es una bomba. Se desactiva cortando el cable rojo. No está de más una broma tonta. Yo ya soy una cosa que come y gasta luz y que muerde una baqueta. A estas alturas todo es despedida. Estoy metido en una racha de mierda. Digo, no veo mucha diferencia entre salir por ahí a drogarme y intentar subir al cielo. A mi me da igual; sólo estoy esperando un buen pretexto para dejar esta vida. Es que no es fácil cruzar el umbral; hay que hacerlo con cierta picardía: un par de gambetas para eludir la culpa y otras cosillas. Algunos mueren dormidos, pero te apuesto a que sueñan con el puto diablo. No hay falla, no es nada, es sólo una vida, tengo infinidad por delante. Ya me pueden torturar de mil maneras, que yo sabré pensar durante todo el tiempo que dure la tortura, aunque sean cincuenta años, en lo que representan esos cincuenta años para la eternidad. Además, esto no se puede quedar así, porque tiene que haber recompensa, estamos hablando de que el placer del torturador y el sufrimiento del torturado son a su debido momento. También podemos añadir que se puede sentir lo de una existencia a la vez y nada más, y que eso que siente la existencia está dado por lo que tiene que ser, el destino, y hay que sentirlo a fuerza, por más que uno piense que tiene voluntad, porque la voluntad le sirve a la naturaleza y la naturaleza le sirve al destino. Todo está evidentemente determinado, aunque eso no sirva para consolar a nadie. No me queda de otra que seguir esperando que las cosas mejoren. Pero tengo toda la vida esperando. Tal vez muera esperando. No creo que una bala perdida que mata a un inocente sea una tragedia. Todo lo contrario, esa bala es bendita, caída del cielo, porque borra la culpa de finiquitar las cosas por mano propia. Uno debe de luchar hasta el final por la vida, porque si no se va uno con culpa. Uno se debe ir como héroe, no como cobarde, y la razón la desconozco. Es preciso sufrir y aferrarse al sufrimiento. Yo hablo desde mi perspectiva, siempre he hablado desde aquí. Pero qué más da, al final todo se reduce al absurdo, al absurdo de buscar bienestar fugitivo para que todo se acabe como en todos los casos y sea borrado para siempre de esa memoria que vive en el cerebro que se pudre. Pero quién sabe, quizás eludir el sufrimiento no amerite ningún castigo eterno, pero para qué arriesgarse, son sólo unos añitos más, largos y tortuosos añitos, pero al fin añitos.
domingo, 27 de junio de 2010
Hablando al aire
Hablando al aire y sin que nadie note mi presencia, puedo lanzar nuevos proverbios que quizás perduren, no tengo la menor idea. En el vértigo de un depresivo atardecer, acostado en la cama, está el germen de la carcajada nocturna, acompañada, provocada, por la voz que sale del radio. Sin lugar a dudas hay impotencia, hay frustración y la sensación de estar esperando una atroz culminación en las entrañas invadidas por luces neón. ¿Qué tan cerca está el final? Esa es la pregunta que hace vacilar. Ante los amigos, cuando nos sentimos deteriorados y asfixiados, todavía no sabemos quién morirá primero, aun cuando ellos parecen disfrutar aquellas cosas que nos marean. Pudiera ser que, dando un vistazo alrededor, fuera evidente que tenemos una condena más pesada de lo normal. Tal vez haya que desconectar más seguido el cerebro. El cerebro se está llevando toda la energía y el estómago está batallando con la comida. Pero pensar es placentero, independientemente de las reclamaciones que podamos recibir de lenguas ajenas que exigen menos ensimismamiento y más participación mecánica. La imagen más rescatable sin duda es aquella de gente tirando cerveza bailando encima de mesas, al compás de la gaita escocesa, vaya francachela. Pocos podemos darnos el lujo de disfrutar algo semejante. Pero una vez que hemos visto las estrellas, esas inanidades dejan de tener importancia, incluso las estrellas comienzan a tener una repercusión dudosa, incluso las estrellas tienen varios tamaños, que van desde la nada hasta el infinito. Lo que se puede tener es esperanzas en el milagro que quizá nunca ocurra. Es tan triste. Debe ser más triste cuando vemos que aquellas luces que eran muchas comienzan a contarse con los dedos. Todas esas esperanzas de un milagro consumidas por la implacable realidad.
Era algo de un rancho, una abuelita y desde luego un ventilador de hélices quebradas que mete ruido amenazante en el ámbito. Un calor tremendo congela el pueblo de terrenos rodeados de cuatro nombres de calles, suponiendo que las calles tuvieran nombres. Y ahí estabas tú, bajo el techo, en el poyo, esperando la gran tormenta de junio. Pero sólo se acumulaba más y más calor, más y más energía, y nada de lluvia, sólo hierba seca. Las moscas sobre el pan dulce, implacables, montoneras. El mantel roto de siempre, mantel de plástico pegado a la mesa por el calor de los sartenes puestos con negligencia sin tabla aislante. Todavía no recuerdo la frase de ayer, antes de dormir. Era tal vez un sombrero carcomido por el tiempo. No, no era eso. Una camisa blanca adelgazada, tampoco. Pero mientras recuerdo lo que tendría que ser el inicio de todo esto, podemos hablar de piedras calientes que los perros confunden con comida, confundidos por el calor tremendo. Imagen triste, ésa y la de yo escribiendo esto. Repican, truenan las piedras y los dientes de los perros, confundidos, hambrientos. En el pueblo apenas hay comida para los que razonan. Por las noches los lugareños observan las estrellas buscando sensaciones mediocres, sensaciones que pasarán inadvertidas en la inmensidad. Al cabo de algún tiempo, así empezaba la frase, o terminaba. Tal vez me equivoque. La memoria me falla. A veces me lastimo el colon por no querer separarme de la computadora e ir al baño. Debo seguir con esta historia que gira en torno a una frase que no recuerdo. Y lo peor del caso es que esto es lo único que hago, lo único que sé hacer, según yo. No, no es fácil ser un bueno para nada mantenido. Y menos con dos hermanos que van a la oficina y un par de padres conservadores. No pretendo comentar ningún nuevo álbum musical, y no es pedrada. No entiendo por qué tiene que rimar el asunto, si la vida está llena de inconsistencias, aun no sabiendo qué quiere decir exactamente la palabra que empieza con i. Yo sé que estoy bien.
Era algo de un rancho, una abuelita y desde luego un ventilador de hélices quebradas que mete ruido amenazante en el ámbito. Un calor tremendo congela el pueblo de terrenos rodeados de cuatro nombres de calles, suponiendo que las calles tuvieran nombres. Y ahí estabas tú, bajo el techo, en el poyo, esperando la gran tormenta de junio. Pero sólo se acumulaba más y más calor, más y más energía, y nada de lluvia, sólo hierba seca. Las moscas sobre el pan dulce, implacables, montoneras. El mantel roto de siempre, mantel de plástico pegado a la mesa por el calor de los sartenes puestos con negligencia sin tabla aislante. Todavía no recuerdo la frase de ayer, antes de dormir. Era tal vez un sombrero carcomido por el tiempo. No, no era eso. Una camisa blanca adelgazada, tampoco. Pero mientras recuerdo lo que tendría que ser el inicio de todo esto, podemos hablar de piedras calientes que los perros confunden con comida, confundidos por el calor tremendo. Imagen triste, ésa y la de yo escribiendo esto. Repican, truenan las piedras y los dientes de los perros, confundidos, hambrientos. En el pueblo apenas hay comida para los que razonan. Por las noches los lugareños observan las estrellas buscando sensaciones mediocres, sensaciones que pasarán inadvertidas en la inmensidad. Al cabo de algún tiempo, así empezaba la frase, o terminaba. Tal vez me equivoque. La memoria me falla. A veces me lastimo el colon por no querer separarme de la computadora e ir al baño. Debo seguir con esta historia que gira en torno a una frase que no recuerdo. Y lo peor del caso es que esto es lo único que hago, lo único que sé hacer, según yo. No, no es fácil ser un bueno para nada mantenido. Y menos con dos hermanos que van a la oficina y un par de padres conservadores. No pretendo comentar ningún nuevo álbum musical, y no es pedrada. No entiendo por qué tiene que rimar el asunto, si la vida está llena de inconsistencias, aun no sabiendo qué quiere decir exactamente la palabra que empieza con i. Yo sé que estoy bien.
miércoles, 23 de junio de 2010
Renunciación a las reuniones complejas
Aquí también vendemos carroña para su boda
No es una cosa de imparcialidad
Siempre sucede que no estuvo bien y otra vez
Nomás los que llegan a la fama
Pero es sólo por un rato
Ya habrá tiempo para hacer esto o aquello
Papá llega de traje con zapato boleado
Yo traigo un calcetín sí y otro no
Escucho una música de nueva yorke
Y el tío de mi amiga es muy intenso
Cuentan historias de cosas que vivieron
Se ponen felices
Tomando cerveza en el porche
Y es como si sólo existiera ese espacio
La impotencia tiene algo que ver aquí
La cárcel huesuda
Mi fémur adolorido
El gallego con su gaita y el otro con su chapela
Palabras que el Word subraya en rojo
¡Ay no! Qué horror
Fracaso pintiparado de muchachos que no quieren tallar el suelo
Muñeco triunfal, para los rabos parados
Yo ya no sé para qué quieren que les diga algo
No le veo caso
Les digo cosas que transitan la imaginación
Cero esfuerzo mental constructivo
Otra vez lo mismo
Así que dejaste de escribir signos de puntuación ¿no?
No me parece necesario
Sobre todo cuando la intención es decirlo todo mal
Y que todavía se entienda
Que se entienda lo que se quiera o se pueda
En determinado momento
Se quedó francamente corto el ensamble
Es bueno saber que no está en uno darse cuenta
Esa me la copié de una canción
Son las circunstancias, uno qué
Uno nomás gira en la órbita
Y otras cosas giran en torno a uno
Y así hasta el infinito, como siempre
Excesivo cuidado de la vida
Incluso los más temerarios dejan de beber un tiempo
Cuando pierden el control y sienten el rigor
Incluso los más desapegados agarran el tubo del camión
Mamila sexual, para los niños traviesos
Invéntate tu propio ritmo
No entiendo cómo la cosa se puede poner seria
Sin embargo, se pone.
No es una cosa de imparcialidad
Siempre sucede que no estuvo bien y otra vez
Nomás los que llegan a la fama
Pero es sólo por un rato
Ya habrá tiempo para hacer esto o aquello
Papá llega de traje con zapato boleado
Yo traigo un calcetín sí y otro no
Escucho una música de nueva yorke
Y el tío de mi amiga es muy intenso
Cuentan historias de cosas que vivieron
Se ponen felices
Tomando cerveza en el porche
Y es como si sólo existiera ese espacio
La impotencia tiene algo que ver aquí
La cárcel huesuda
Mi fémur adolorido
El gallego con su gaita y el otro con su chapela
Palabras que el Word subraya en rojo
¡Ay no! Qué horror
Fracaso pintiparado de muchachos que no quieren tallar el suelo
Muñeco triunfal, para los rabos parados
Yo ya no sé para qué quieren que les diga algo
No le veo caso
Les digo cosas que transitan la imaginación
Cero esfuerzo mental constructivo
Otra vez lo mismo
Así que dejaste de escribir signos de puntuación ¿no?
No me parece necesario
Sobre todo cuando la intención es decirlo todo mal
Y que todavía se entienda
Que se entienda lo que se quiera o se pueda
En determinado momento
Se quedó francamente corto el ensamble
Es bueno saber que no está en uno darse cuenta
Esa me la copié de una canción
Son las circunstancias, uno qué
Uno nomás gira en la órbita
Y otras cosas giran en torno a uno
Y así hasta el infinito, como siempre
Excesivo cuidado de la vida
Incluso los más temerarios dejan de beber un tiempo
Cuando pierden el control y sienten el rigor
Incluso los más desapegados agarran el tubo del camión
Mamila sexual, para los niños traviesos
Invéntate tu propio ritmo
No entiendo cómo la cosa se puede poner seria
Sin embargo, se pone.
martes, 22 de junio de 2010
Abrazando la verdad en un rincón
Creo que empiezo a ver en todos unas terribles ganas de sobrevivir, y me da asco.
Algunos la tienen más difícil que otros
Pero vencer lo difícil es la fuerza
Claro que todo es pasajero
Puede que haya que saber detectar de dónde viene la mala vibra
Puede que sean cosas más orgánicas siempre
Consiste en apreciar lo más que se pueda la insignificancia de esto
En medio de una pierna quebrada poder bromear
Y qué decir de las derrotas
Un genio tendría que alimentarse de ellas
Claro que eso ya es desafiar a la naturaleza
No se necesita una sonrisa para hacer un buen escrito
Decir algo profundo y sencillo
Es cuestión de tiempo para que las cosas se arreglen
Perder la fe tampoco traerá graves consecuencias
Puedes perderla sin temor
El tiempo se encarga
Temas de actualidad de carácter apocalíptico
Es la verdad lo que destruye la vida
Es ese día en que te enteras de la muerte
Cuando preguntas con inocencia
Mamá, qué es la muerte
A partir de ahí todo gira en torno a ella
La muerte es el factor siempre presente
El camino correcto puede existir
No está en nosotros encontrarlo
Tal vez es un logro saber que no está en nosotros
Darse cuenta mientras por calles oscuras camino a casa caminas
Es estar resignado por un momento
Matar el tiempo creyendo que lo has encontrado
Buscando
No se sabe qué
El destino es el que sabe en qué momento
Nosotros podemos considerarnos desafortunados
Podemos decir que hemos perdido la cordura escarbando
Y compitiendo sin poder evitarlo
Con los otros monos
Nadie quiere admitir que es cuestión de azar
Excepto los últimos lugares
Es la verdad la que destruye
O la destrucción lo que lleva a la verdad
Un poco de las dos
Tal vez me engaño por completo
Mi advertencia se demuestra cuando ya nadie entiende
Mi teoría se demostrará en unos mil años
Espero que alguien pueda darme la razón
A eso se le llama estar solo
A eso se le llama ser un perdedor
Abrazando la verdad en un rincón
Esa era la frase
El simple hecho de ser humano es suficiente para sentirme estúpido.
Un idioma donde las consonantes llevan acento
Otras locuras
Planicie de aire que divide lo oscuro de lo claro
No es mi voluntad la que me llevará al camino correcto. Desde la perspectiva humana es difícil saber si existe realmente un camino. Tendrían que ser las circunstancias las que nos lleven. En absoluto nosotros podemos hacer algo. Tal vez renunciar. Tal vez hay que interpretar todo lo que sentimos y lo que sucede, y actuar en base a eso. Pero esas cosas son muy poco concretas. Mi cerebro tiene rebaba de viscosidad que me tapa los oídos. Hay un sentimiento que me hace creer que puedo morir con placer. Es un sentimiento que tiene que ver con la idea de que mis recuerdos se borren. Creo que empiezo a ver en todos unas terribles ganas de sobrevivir, y me da asco.
Algunos la tienen más difícil que otros
Pero vencer lo difícil es la fuerza
Claro que todo es pasajero
Puede que haya que saber detectar de dónde viene la mala vibra
Puede que sean cosas más orgánicas siempre
Consiste en apreciar lo más que se pueda la insignificancia de esto
En medio de una pierna quebrada poder bromear
Y qué decir de las derrotas
Un genio tendría que alimentarse de ellas
Claro que eso ya es desafiar a la naturaleza
No se necesita una sonrisa para hacer un buen escrito
Decir algo profundo y sencillo
Es cuestión de tiempo para que las cosas se arreglen
Perder la fe tampoco traerá graves consecuencias
Puedes perderla sin temor
El tiempo se encarga
Temas de actualidad de carácter apocalíptico
Es la verdad lo que destruye la vida
Es ese día en que te enteras de la muerte
Cuando preguntas con inocencia
Mamá, qué es la muerte
A partir de ahí todo gira en torno a ella
La muerte es el factor siempre presente
El camino correcto puede existir
No está en nosotros encontrarlo
Tal vez es un logro saber que no está en nosotros
Darse cuenta mientras por calles oscuras camino a casa caminas
Es estar resignado por un momento
Matar el tiempo creyendo que lo has encontrado
Buscando
No se sabe qué
El destino es el que sabe en qué momento
Nosotros podemos considerarnos desafortunados
Podemos decir que hemos perdido la cordura escarbando
Y compitiendo sin poder evitarlo
Con los otros monos
Nadie quiere admitir que es cuestión de azar
Excepto los últimos lugares
Es la verdad la que destruye
O la destrucción lo que lleva a la verdad
Un poco de las dos
Tal vez me engaño por completo
Mi advertencia se demuestra cuando ya nadie entiende
Mi teoría se demostrará en unos mil años
Espero que alguien pueda darme la razón
A eso se le llama estar solo
A eso se le llama ser un perdedor
Abrazando la verdad en un rincón
Esa era la frase
El simple hecho de ser humano es suficiente para sentirme estúpido.
Un idioma donde las consonantes llevan acento
Otras locuras
Planicie de aire que divide lo oscuro de lo claro
No es mi voluntad la que me llevará al camino correcto. Desde la perspectiva humana es difícil saber si existe realmente un camino. Tendrían que ser las circunstancias las que nos lleven. En absoluto nosotros podemos hacer algo. Tal vez renunciar. Tal vez hay que interpretar todo lo que sentimos y lo que sucede, y actuar en base a eso. Pero esas cosas son muy poco concretas. Mi cerebro tiene rebaba de viscosidad que me tapa los oídos. Hay un sentimiento que me hace creer que puedo morir con placer. Es un sentimiento que tiene que ver con la idea de que mis recuerdos se borren. Creo que empiezo a ver en todos unas terribles ganas de sobrevivir, y me da asco.
sábado, 19 de junio de 2010
Todas las combinaciones de palabras
Aire lavado acicalado por aves
Olor a agua que detectan entre el infierno
Sólo aviva más el dolor
Mujer hermosa recién bañada
Frente a hombre agonizante
Presionándole los testículos con el pie
Ahí en el sillón de la sala
Donde vieron el mundial
Por supuesto yo no elegí ser el mejor
Incluso hubiera preferido ser el peor
Es cosa de penumbra de árboles
De gases en el estómago que se van
Y qué alivio
Una vez más lo que ya se había dicho
Todas las combinaciones de palabras aquí
Haga de cuenta
Sin embargo sigo
Lo que me preocupa es tu canción favorita
De hecho es demasiado mortificante
Temo no poder encontrar una mejor canción
Entonces sí hablaríamos de una tragedia
Me pondré a buscar en los discos viejos de papá
Papá no sabe de música
Creo que una vez dijo que no le gustaba
A mí me gusta a veces
Un whisky a las rocas al lado de la cama
Desgarrador
Cuando me estoy muriendo nada me gusta
Por más lindo que sea
Por más mojado que esté
Por más preparado que esté
Por más sublime
Inventaré la canción favorita de todos
Para quitarme de problemas
Una que diga todas las combinaciones posibles de palabras
Olor a agua que detectan entre el infierno
Sólo aviva más el dolor
Mujer hermosa recién bañada
Frente a hombre agonizante
Presionándole los testículos con el pie
Ahí en el sillón de la sala
Donde vieron el mundial
Por supuesto yo no elegí ser el mejor
Incluso hubiera preferido ser el peor
Es cosa de penumbra de árboles
De gases en el estómago que se van
Y qué alivio
Una vez más lo que ya se había dicho
Todas las combinaciones de palabras aquí
Haga de cuenta
Sin embargo sigo
Lo que me preocupa es tu canción favorita
De hecho es demasiado mortificante
Temo no poder encontrar una mejor canción
Entonces sí hablaríamos de una tragedia
Me pondré a buscar en los discos viejos de papá
Papá no sabe de música
Creo que una vez dijo que no le gustaba
A mí me gusta a veces
Un whisky a las rocas al lado de la cama
Desgarrador
Cuando me estoy muriendo nada me gusta
Por más lindo que sea
Por más mojado que esté
Por más preparado que esté
Por más sublime
Inventaré la canción favorita de todos
Para quitarme de problemas
Una que diga todas las combinaciones posibles de palabras
viernes, 18 de junio de 2010
Humano
Como humanos poseemos una memoria, nuestra más preciada posesión, que tenemos para irremediablemente perder. Buscamos meterle buenos recuerdos, para que después, al morir, todos esos recuerdos juntos se pierdan. La gente encuentra razonable morir después de haber acumulado una cantidad decente de buenos recuerdos en la memoria. No creo que se trate de razones, sino motivos, motivos que la razón no debe ni siquiera ponerse a estudiar, porque son cosas totalmente absurdas, cosas de animales, de instinto.
Y todo eso en un bonito transito de hormigas que desde el cielo parecen tener funciones más obvias. Sin embargo, cuando uno se acerca un poco más, o entiende lo que significan esos ligeros gruñidos que salen de nuestras bocas, entendemos que ese tránsito está lleno de chismes e intrigas, envidias y otros sentimientos, ocultos y encuerados. Todo eso quiere decir que la vida es algo que tendría que tenernos sin cuidado. Pero saber esto sólo es una nueva forma de tormento. Saber que la vida es algo que no debería preocuparnos sólo es una nueva forma de tormento. Que la pongan así en la selección de mis frases bonitas. Y mientras estamos perdidos en esta insignificancia, es inevitable intentar ser el mejor. Algunos prefieren declarar que ellos no buscan ser los mejores, pero sólo es parte de la estrategia para ser los mejores, aunque nadie sabe realmente en qué consiste ser el mejor. Es más bien una constante lucha implícita, llena de jactancias con las que intentamos dejar en claro que sabemos vivir mejor que los demás. Por eso aquella afirmación de no querer competir, pues no competir es como decir: yo no me preocupo por esas banalidades, yo estoy en otro nivel, yo sí disfruto la vida. Al final todos se mueren comoquiera. Y todo esto lo permite un montón de huesos y sangre y tejidos, y al estar concientes de esto vivimos en el constante miedo de que esos huesos, sangre y tejidos hagan algo que nos duela, porque dependemos totalmente de esas cosas, somos esas cosas. En lo personal, siempre me horroriza la idea de que mi corazón bombea sangre y que si por alguna circunstancia deja de hacerlo, yo seré el que sufra las consecuencias, y eso es algo que tendrá que suceder, y a mí nadie me preguntó si yo quería asumir esta responsabilidad. Ahora que también está la insistente imagen de uno teniendo un infarto en una reunión de etiqueta, con el típico martini en la mano. Es terrible cuando el monóculo se desprende y los circunstantes lo agarran a uno del brazo al ver que se desvanece. Después seguramente pasamos a otra existencia igual de incomprensible.
Y todo eso en un bonito transito de hormigas que desde el cielo parecen tener funciones más obvias. Sin embargo, cuando uno se acerca un poco más, o entiende lo que significan esos ligeros gruñidos que salen de nuestras bocas, entendemos que ese tránsito está lleno de chismes e intrigas, envidias y otros sentimientos, ocultos y encuerados. Todo eso quiere decir que la vida es algo que tendría que tenernos sin cuidado. Pero saber esto sólo es una nueva forma de tormento. Saber que la vida es algo que no debería preocuparnos sólo es una nueva forma de tormento. Que la pongan así en la selección de mis frases bonitas. Y mientras estamos perdidos en esta insignificancia, es inevitable intentar ser el mejor. Algunos prefieren declarar que ellos no buscan ser los mejores, pero sólo es parte de la estrategia para ser los mejores, aunque nadie sabe realmente en qué consiste ser el mejor. Es más bien una constante lucha implícita, llena de jactancias con las que intentamos dejar en claro que sabemos vivir mejor que los demás. Por eso aquella afirmación de no querer competir, pues no competir es como decir: yo no me preocupo por esas banalidades, yo estoy en otro nivel, yo sí disfruto la vida. Al final todos se mueren comoquiera. Y todo esto lo permite un montón de huesos y sangre y tejidos, y al estar concientes de esto vivimos en el constante miedo de que esos huesos, sangre y tejidos hagan algo que nos duela, porque dependemos totalmente de esas cosas, somos esas cosas. En lo personal, siempre me horroriza la idea de que mi corazón bombea sangre y que si por alguna circunstancia deja de hacerlo, yo seré el que sufra las consecuencias, y eso es algo que tendrá que suceder, y a mí nadie me preguntó si yo quería asumir esta responsabilidad. Ahora que también está la insistente imagen de uno teniendo un infarto en una reunión de etiqueta, con el típico martini en la mano. Es terrible cuando el monóculo se desprende y los circunstantes lo agarran a uno del brazo al ver que se desvanece. Después seguramente pasamos a otra existencia igual de incomprensible.
martes, 15 de junio de 2010
Oscuridad y charcos
La tierra llama a la lluvia cuando la corriente de siempre regresa de la suspensión que provocó un fenómeno climatológico tropical. Entonces cae una tormenta que destruye y fertiliza simultáneamente. La perra tiembla tras la reja pidiendo que se le abra la puerta. Cuando llego con las llaves detiene su seducción temblorosa, segura de que le abriré la puerta. Y también hay perros malos que buscan cerveza y persiguen ciclistas inocentes. Entonces en una reunión improvisada en el porche, detrás de la verja, ahí tomando cerveza, aparece, por afuera, un joven de sonrisa lunar, de perfil, con su bicicleta, jadeando, explicando que acababa de escapar de un perro ávido de cerveza, un perro agresivo por la abstinencia. Después nos reímos porque el perro dibujó una estela negra en la oscuridad mercurial y el ciclista se llenó de pavor e intentó pasar al porche, porque seguía afuera, a merced de los perros adictos del barrio. Sólo nos reímos y deseamos que ese momento nunca terminara, pero se fue y siguieron otros no tan buenos. Yo ya estaba en un estado de terror etílico, una especie de letargo con visión de tele donde se corre la imagen, tele vieja que comienza a fallar y la imagen viene y se va por donde mismo, una y otra vez. Pero pudimos seguir analizando el mundo y llegamos, como siempre, a la verdad.
Es que estuvimos haciendo matanza de tiempo entre el heno y las cervezas de antes. Fue de hecho en un sueño donde ocurrió el accidente y lo veía y no lo creía. Di varios rondines, fui y vine, del establo donde pimplamos al lugar del siniestro, pero yo seguía siendo el culpable. Mamá y papá me desheredaron esa tarde, como si yo hubiera inducido a mi hermano a la bebida, siendo él mayor que yo, debiendo por eso tener más criterio.
Un monje con caperuza y nariz prominente entre la oscuridad y los charcos medievales, saca un dedo largo de la manga holgada y me pide que vaya hacia él. Yo le pinto un dedo y camino en dirección opuesta.
De hecho sólo el calor me inspira a teclear, sólo los abanicos prendidos en la casa y el sonido de las chanclas de mamá y el trapo sucio que lleva en la mano con el que pretende limpiar algo que probablemente esté menos sucio que el mismo trapo. La regadera que se abre y mueve a meterse ahí un rato y refrescar el cuerpo saturado de calor.
Es que estuvimos haciendo matanza de tiempo entre el heno y las cervezas de antes. Fue de hecho en un sueño donde ocurrió el accidente y lo veía y no lo creía. Di varios rondines, fui y vine, del establo donde pimplamos al lugar del siniestro, pero yo seguía siendo el culpable. Mamá y papá me desheredaron esa tarde, como si yo hubiera inducido a mi hermano a la bebida, siendo él mayor que yo, debiendo por eso tener más criterio.
Un monje con caperuza y nariz prominente entre la oscuridad y los charcos medievales, saca un dedo largo de la manga holgada y me pide que vaya hacia él. Yo le pinto un dedo y camino en dirección opuesta.
De hecho sólo el calor me inspira a teclear, sólo los abanicos prendidos en la casa y el sonido de las chanclas de mamá y el trapo sucio que lleva en la mano con el que pretende limpiar algo que probablemente esté menos sucio que el mismo trapo. La regadera que se abre y mueve a meterse ahí un rato y refrescar el cuerpo saturado de calor.
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