viernes, 4 de marzo de 2011

pájaros

lo mejor de estar en la ciudad
es ver los pájaros volar
o tal vez sea follar con prostitutas
nunca sabremos qué es mejor
los pájaros flotan sobre el verde y el celeste
y se definen más que las nubes
las prostitutas están en la oscuridad
y llevan ropa de charol
los pájaros comen gusanos
las prostitutas acechan
qué dificil resolución
los hombres pelean
y la nube se va haciendo más y más celeste
a medida que se acerca a sus límites
la oscuridad tiene sus estrellas
el día las acompaña a ellas
el día trae cercanía
la noche lejanía y soledad
la noche es el descanso
es siempre el reencuentro con algo
el día trae los peligros del día
demasiada cercanía
la noche encierra un misterio
lo encierra en nuestros cerebros
tremenda reproducción sin sexo
de estrellas en el cielo
lenta pero siempre segura
no hay fecha que no se llegue
ni plazo que no se cumpla
el día revela nuestro pésimo estado
y en la noche navegamos
la queremos hacer eterna
la desventaja de la luz es que expone la realidad
en la noche hay una esperanza peligrosa
debes concluir las cosas de manera concluyente
algo que cierre esta existencia y abra otra

lunes, 14 de febrero de 2011

Algo que yo vi en una baldosa

Un oso mirando el cielo estrellado
Anhela perderse en el lago.

Se arroja finalmente
Cuando advierte
Que está de cabeza.

Y todo su cuerpo se fragmenta
En partículas que se vuelven otra cosa.

Ya ni siquiera observa a las moscas.

lunes, 27 de diciembre de 2010

zumbido

Entre la noche me levantè creyendo estar muerto;
una penumbra y un vertigo infernal me envolviò;
el infierno tantas veces invocado se manifestò,
y me avergoncè de haber alardeado que preferìa eso.

Las voces de los que he lastimado susurraban quejas
y en ocasiones me regodeaba de mi gran perversidad,
entonces pensè: "esto debe ser el juicio final",
y vi un combate entre fuerzas espirituales opuestas.

Mi corazòn se calmò y los escalofrìos celestiales.
Estuve alucinando, desorientado y aterrado,
buscando un asidero antes de terminar aplastado,
pidiendo por favor que la vida nunca se acabe.

domingo, 26 de diciembre de 2010

canciòn para un buen amigo desconocido

Me gustan las personas del norte de cualquier lugar
y bailar y bailar y volver a bailar.
El trànsito pasa enfrente de mi casa,
es muy buena persona y yo le hago una rola,
me saluda y me anima a seguir con vida
y lo veo alejarse con su moto y uniforme.
Otros de su especie me han robado y humillado,
pero al transito en la tarde amarilla y fria
yo lo quiero màs que a toda mi familia.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sombrilla cuando hace sol, paraguas cuando llueve

Antes, saliendo de mi casa bajaba la colina y me saludaba el cerro a veces seco a veces verde, escuchando musica con mis auriculares, cielo azul adornado de nubes vacilantes. Ahora salgo y veo un tùnel oscuro formado por àrboles frondosos, y por las mañanas canta un pàjaro muy bien su variado repertorio, en los sueños las tardes son casi tan oscuras como la noche por lo nublado y luego vuelo un rato en esos cielos, mientras una mujer cambiada se baña detras de la puerta transparente que desfigura su cuerpo ya de por sì desfigurado, la dejo atràs porque se supone que tenemos relaciones sexuales furtivas, y despuès hacemos como si no hubiera pasado nada y nos abstenemos como niños buenos por un buen rato, hasta que volvemos a caer estrepitosamente en la tentacion, sin que por ello dejemos de ser amigos como siempre respetuosos y discretos, sentados en el suelo jugando con muñecos. En verdad el cielo estaba oscuro y yo casi me caigo del balcòn por querer ver mejor. Luego paso un francotirador del que no perdì detalle gracias a mi privilegiada visiòn satelital ajustable. El francotirador medìa mucho y traìa un maletìn sospechoso y era yo. Entonces pasò una mujer tambien alta y me le metì a su casa sin que me advirtiera. Lògicamente despuès llamaron a la policia y me torcieron en la sala del sòtano, la cual era fastuosa y de lentejuela aterciopelada. Se armò un jaleo y despertè oliendo a jamòn pasado. El señor de al lado se habia suicidado con silenciador. Yo todavia no deberìa de saber esa informaciòn. Tuve que prender la tele para comenzar la dificil tarea de todos los dias, consistente en llegar otra vez a la noche a como dè lugar, para volver a soñar con bodegas gigantescas llenas de escombros punzocortantes y planes de fiestas desenfrenadas con alucine. No sucederìa lo que yo querìa, claro que no, como siempre, porque en esta ocasiòn ahora fueron los luchadores que me perseguìan con sus torsos desnudos. Tan cabrones los luchadores. Es increible lo que un mechòn de cabello puede hacer bien colocado en la frente y ver la boca desde los ojos pasando por la nariz. Podrìa eyacular siete veces en una mañana imaginandome unos calcetines bien puestos. Sì, pero yo no soy un genio. Se anuncia la hora de levantarse cuando la sensaciòn de estar dejando de ser lo que siempre has sido te invade. Sombrilla cuando hace sol; paraguas cuando llueve. Quiza el verdadero genio nunca parece hacer nada genial. Le basta el espectaculo de adentro. Quiza el genio pueda salvarse de la vanidad de sentirse especial. De una u otra forma siempre caemos en el error de sentirnos especiales. Todos somos especiales, y eso nos quita lo especial tambièn. El genio necesita que lo mantengan, que lo dejen pensar, pero no es fàcil. Muchos genios mueren sin haberse sentido a gusto para regodearse en sus cerebros, invadidos por la realidad.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Mierda elemental

La vida es la cosa en la que estás metido. Ahí hay muchos como tú, pero no te consta que sean como tú. Se parecen a ti, hacen cosas como tú y te enseñaron, ellos, todo lo que sabes, y tal vez tú agregaste algo de tu cosecha. Entre la gente hay maneras de expresar y por eso existe el arte. Hay gente que reúne grandes cantidades de gente en un lugar y son como triunfadores, y los espectadores son perdedores, porque están ahí, alimentando a los triunfadores. Lógicamente las concepciones de la gente son muy estrechas; sólo somos fragmentos inexistentes de todo lo demás, al parecer, y naturalmente tiene que haber seres que en otros planetas serían dioses y que aquí no son nada, pero eso no nos importa. Entonces existe una cosa que se llama injusticia. Pero también está la muerte, que no ha respetado todavía la posición de nadie. Y también está el destino, el cual bien puede constatarse en el pasado, mas no en el futuro. Sí, el pasado no puede cambiarse. Todo lo que yo pueda decir ya lo saben todos. No hay nada de genial en las palabras, no hay nada de genial aquí, y tampoco en los humanos. Entre nosotros ya no podemos sorprendernos, con música, con palabras, con pinturas; tal vez sea decadencia, no quiero arriesgarme. Pero eso sí, la gente busca cualquier pretexto para hacerse la asombrada, para seguir viviendo, pero en el fondo saben que todo eso que llaman sublime no es más que mierda. Ya está muy trillado decir aquello que nadie quiere admitir pero todos sienten muy en el fondo. Incluso eso ya se dijo hasta el cansancio, de mil maneras diferentes. Entonces qué sigue. Sigue la vida, aburrida como siempre, sigue el sufrimiento, la tragedia, desde luego la muerte, algunas sensaciones mediocres antes de eso, y la muerte, claro, de la cual se ha dicho todo lo posible pero nadie sabe qué pasa con ella. En este momento me apasiona el hecho de que con la muerte uno deja de ser lo que siempre ha sido, y eso es algo tan fuerte como inevitable. Imagino que hasta el último minuto tratamos de aferrarnos a esto que somos, y luego una fuerza vertiginosa nos manipulará, a todos, a dirigentes y subalternos. Y pensar que esas cosas tan cruciales no podremos contarlas, porque, como ya se sabe, podremos pasar a otras vidas, pero no recordar las anteriores, y como la muerte es lo último en toda vida, es lógico que estamos hablando del misterio eterno, tema que da igual tocarlo o no tocarlo en vida, tema lleno de suposiciones. Para los que se encuentran conformes con la vida, la muerte es abominable, tema del que no quieren saber nada. Para los que no se hallan en el mundo, los inadaptados, los débiles, es evidentemente un jardín lleno de analgésicos, la posibilidad de nacer metido en el cuerpo de uno de aquellos que siempre abominan la muerte y tapan los oídos de sus hijos cuando un impertinente ojeroso comete la imprudencia de mencionar la muerte. El final llegará, y con el final todo esto será igual, para todos igual, cuando dejemos de ser lo único que siempre hemos sido, siempre con el mismo nombre, sujetos a los designios de todo lo material que se transforma con el tiempo, igual a los árboles que un día caen y a las frutas que se pudren, por mayor plenitud y gallardía que hayan alcanzado. Tal vez el tiempo se detenga, tal vez existan cuerpos eternos, conciencias y memorias eternas, que con el paso del tiempo no se alteran, pero definitivamente no en este mundo tan rígido. Tal vez, sólo tal vez, descubriremos eso después de la muerte, cuando ocurra el gran cambio, cuando el universo se vaya a otra parte y vuelva a comenzar con otras reglas, quizás sin reglas. Otra vez nosotros ahí, pero ahora con el sartén por el mango, no así nada más, perdidos en un mundo ya dado, fabricado, en el que simplemente no encajamos, envejeciendo, tratando de atiborrarnos de sexo, de drogas, de conciertos, antes de que sea demasiado tarde, antes de que lo hagan los otros que parecen de nuestra especie, como si eso pudiera salvarnos de la pudrición.

sábado, 2 de octubre de 2010

En la placenta

Allá podrás llevar tu parte y ponerla en la mesa, y podrás tomar lo que otros llevaron y dejar que tomen lo tuyo para siempre. Cada quien llevará lo que le corresponde, así que no te preocupes por esos libros de tu librero que nunca leíste; algo tendrán que aportar, son absolutamente necesarios, es preciso que se pulvericen con el tiempo entre la gente del futuro o que animen el fuego del indigente con frío.
Es justamente cuando las almas desperdigadas se reúnen, cuando se comprende la necesidad de las cosas y personas inútiles. Todo se dirige a un fin, como en toda buena historia.
Puedo decir las cosas con certeza, incluso puedo dudar de lo que digo y aun así decirlo con certeza, y no estaré haciendo nada que no estuviera escrito y tenga una causa justificada.
Así que cuando cada quien agoniza y se encuentra en la crisis más aguda y aparentemente definitiva de esperanza de su existencia, es cuando estamos más cerca de flotar en un lago verde, hundirnos en las aguas entre esferas multicolores, sintiendo el mayor placer del mundo sin poder todavía creerlo, y entre risas pensaremos que todo aquel preámbulo de sufrimiento le venía perfecto a la canción. Entraremos disparados, penetrando cual espermas los óvulos, en una bolsa llena de aguas refrescantes, con la música de la gloria, nadando ahí donde el principio y el final se confunden, ahí donde se mezcla la música, forzados como estamos a sufrirla y a gozarla, la música que se toca, se huele, se mira, se come, y que nos sigue a todos lados, que nos lleva por donde se le antoja y nos mete en burbujas tenebrosas, eufóricas, sombrías, melancólicas, gloriosas, angustiosas, triunfales, cuando el destino, encargado del rumbo que toman las cosas durante la fiesta infinita, hace lo que le parece más conveniente. Sobre todo es esa música monótona la que le gusta poner, esa música ramplona del día a día, para atormentarnos, para hacernos dudar de que puede obligarnos a escuchar algo sublime que nos deje boquiabiertos con la baba colgando, justo cuando la cosa se estaba poniendo más fea.